"En una sociedad racista, no es suficiente no ser racista, debemos ser antirracistas" – Angela Davis.
El 21 de marzo no nació como una celebración de la diversidad, sino de la sangre y la resistencia. Esta fecha, establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas, conmemora la Masacre de Sharpeville en 1960, donde 69 manifestantes pacíficos fueron asesinados por la policía del apartheid en Sudáfrica. Sin embargo, décadas después de que se oficializara esta efeméride, la población afrodescendiente en América Latina y el Caribe continúa atrapada en un racismo sistémico que, como bien señalaba Frantz Fanon en Piel negra, máscaras blancas, es una "alienación" profunda impuesta por estructuras coloniales que el Estado moderno no ha logrado desmantelar.
Hoy, la lucha contra la discriminación racial debe trascender las campañas de "sensibilización" superficial. Mientras los Estados firman protocolos internacionales como el Decenio Internacional para los Afrodescendientes, las cifras de la OPS/OMS y la CEPAL revelan que las comunidades afro siguen enfrentando mayores tasas de mortalidad, exclusión laboral y falta de acceso a servicios básicos.
Esta desigualdad no es accidental; es el resultado de un despojo histórico que nunca fue compensado. Por ello, autores como Achille Mbembe nos advierten que el capitalismo moderno se cimentó sobre el cuerpo negro como mercancía, lo que convierte a la reparación histórica en un imperativo ético y legal, no en una concesión caritativa.
De la retórica al reconocimiento
- Este artículo sostiene que el 21 de marzo debe transformarse en una jornada de exigencia política de reparaciones reales.
- Como afirma la escritora Claudia Mosquera, la reparación debe abordar desde la restitución de tierras y la justicia ambiental hasta el reconocimiento de los daños transgeneracionales.
- Es momento de que los Estados pasen de la retórica del "reconocimiento" a la implementación de fondos de productividad, cuotas de representación y reformas jurídicas.
II. El Racismo Sistémico: Más allá del prejuicio
En todos estos años de militancia y lucha del movimiento afrodescendiente, una de sus reivindicaciones más notables, desde los resultados de Durban 2001, han sido las Reparaciones, las mismas que aún no se han cumplido y tampoco los Estados han enfocado sus políticas para implementarlas.
Para comprender la necesidad de reparaciones, es imperativo desmitificar la idea de que el racismo es un conjunto de prejuicios individuales. El racismo es, en esencia, un sistema de organización del poder. Como argumenta el pensador keniano Ngũgĩ wa Thiong'o en Descolonizar la mente, el colonialismo no solo ocupó territorios físicos, sino que instaló una "bomba cultural" que aniquiló la confianza de los pueblos en sus propios nombres, lenguas y capacidades.
En América Latina, esta bomba sigue activa bajo la figura del Estado-Nación, que se construyó sobre la base de un blanqueamiento ideológico que invisibiliza la presencia y el aporte afrodescendiente. La omisión estatal no es pasiva; es una acción política. Cuando un Estado no recopila datos estadísticos desagregados por etnia o cuando ignora la desproporcionada violencia policial contra la juventud negra, está ejerciendo lo que el intelectual costarricense Quince Duncan denomina "el racismo de Estado".
"La discriminación no es un hecho aislado, es un proceso histórico acumulativo que ha negado a los afrodescendientes el acceso a los medios de producción y a la acumulación de riqueza." — Quince Duncan
El mito de la "Meritocracia" en un sistema desigual
Los Estados suelen responder a las demandas de justicia con discursos de igualdad ante la ley. Sin embargo, esta igualdad es ficticia si no se reconoce que el punto de partida es abismalmente distinto. La falta de inversión en territorios históricamente negros y la ausencia de una educación que integre la Etnoeducación (como propone la intelectual colombiana Elizabeth Castillo) son formas de perpetuar la subalternidad.
El racismo sistémico se manifiesta hoy en:
Manifestaciones contemporáneas del racismo
- La Necropolítica: Siguiendo a Mbembe, la gestión estatal de la muerte que permite que los cuerpos afrodescendientes sean los más afectados por la violencia y la falta de salud pública.
- El Extractivismo Territorial: El desplazamiento forzado de comunidades negras de sus territorios ancestrales para favorecer proyectos mineros o agroindustriales, rompiendo el tejido social y la soberanía alimentaria.
- La colonialidad del poder: Las jerarquías raciales creadas en la colonia siguen vigentes en la estructura del Estado moderno.
Referencia clave: Frantz Fanon en Los condenados de la tierra, analizando cómo el mundo colonial está compartimentado y cómo esa división persiste en las ciudades modernas.
El Mito de la Democracia Racial y la Omisión Estatal
Uno de los mayores obstáculos para la justicia racial en América Latina y el Caribe ha sido la construcción del mito de la "democracia racial". Bajo esta narrativa, los Estados han sostenido históricamente que, debido al mestizaje, el racismo no existe en nuestras sociedades con la misma rigidez que en el apartheid o en el segregacionismo estadounidense.
Sin embargo, como bien señaló la intelectual brasileña Lélia Gonzalez, este mito no es más que un "racismo por denegación", una forma de invisibilizar las jerarquías de poder que mantienen a lo blanco/europeo en la cima y a lo negro e indígena en la base.
Gonzalez introdujo el concepto de Amefricanidad para denunciar cómo los Estados han intentado "blanquear" la historia y la estética nacional, borrando la herencia africana mediante el discurso de la unidad nacional. Esta "ceguera al color" institucionalizada es lo que permite que los Estados ignoren la necesidad de reparaciones, argumentando que las políticas universales (para todos) son suficientes, cuando en realidad solo sirven para profundizar las brechas ya existentes.
La invisibilidad como estrategia de control
En la actualidad, la filósofa Djamila Ribeiro refuerza esta crítica al señalar que la falta de un "lugar de enunciación" para las personas afrodescendientes en los espacios de toma de decisiones permite que el Estado siga diseñando políticas públicas desde una perspectiva blanca y colonial.
"La democracia racial es un mito que sirve para mantener los privilegios de un grupo a costa de la subordinación de otros, bajo el manto de una falsa igualdad cultural." — Djamila Ribeiro (Pequeño manual antirracista)
Este artículo insiste también en la necesidad de entender que el mestizaje fue una política de blanqueamiento. En este contexto, los directos responsables son los Estados que promovieron la mezcla racial no como un abrazo a la diversidad, sino como un método para "diluir" la ascendencia africana.
Denunciar la "ceguera al color" de las políticas públicas que ignoran las particularidades de la población afrodescendiente no es casual, es una práctica recurrente que simplemente violenta derechos.
Basta con mirar con mucha atención los resultados del primer Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015-2024) y cómo muchos Estados han cumplido con lo simbólico pero no con lo estructural.
La Necropolítica: Cuando el Estado decide quién muere
El filósofo camerunés Achille Mbembe y su concepto de Necropolítica —definida como el poder de decidir quién vive y quién muere— aplicado a la desatención estatal de los cuerpos negros.
La necropolítica no se refiere solo al asesinato directo por parte de la fuerza pública, sino a la creación de "zonas de muerte" donde la vida de las personas afrodescendientes es considerada prescindible.
Achille Mbembe, partiendo de las ideas de Michel Foucault, acuñó el término necropolítica para describir la soberanía del Estado expresada a través del poder de dictar quién debe vivir y quién debe morir. En el contexto de la población afrodescendiente, este concepto adquiere una relevancia brutal: el Estado no solo ejerce violencia mediante la represión policial, sino también a través de la omisión calculada.
Tres formas de desatención estatal
- Abandono infraestructural: El Estado decide no invertir en infraestructura, salud o saneamiento en los barrios y territorios históricamente negros. Esta falta de servicios no es un "error de gestión", sino una forma de dejar morir a una población por abandono sistémico.
- La deshumanización jurídica: El sistema judicial a menudo opera bajo la lógica de que el cuerpo negro es "peligroso" por naturaleza. Esto justifica el encarcelamiento masivo y la impunidad en casos de violencia contra líderes y lideresas afro, enviando el mensaje de que estas vidas no merecen ser protegidas ni vengadas por la ley.
- El racismo ambiental: La necropolítica se evidencia cuando los Estados permiten que industrias extractivas y desechos tóxicos se ubiquen en territorios ancestrales afrodescendientes, priorizando el capital sobre la integridad biológica de estas comunidades.
"La soberanía consiste en la capacidad de definir quién importa y quién no, quién es desechable y quién no lo es". — Achille Mbembe, Necropolítica.
Hacia una Agenda de Reparaciones Reales: Más allá del simbolismo
Si el racismo es sistémico y se apoya en una estructura necropolítica, la respuesta no puede ser meramente discursiva. Las reparaciones deben ser entendidas como un acto de justicia histórica y una obligación jurídica de los Estados por el enriquecimiento ilícito derivado de siglos de esclavización y posterior exclusión.
Como bien ha señalado la académica colombiana Mara Viveros Vigoya, no es posible una democracia real sin abordar las jerarquías raciales que estructuran la desigualdad de clase.
Para que el 21 de marzo sea un hito de transformación, las reparaciones deben articularse en tres ejes fundamentales:
Ejes de reparación
- Justicia Económica y Restitución: No se trata de "ayudas sociales", sino de la creación de fondos de reparación patrimonial que financien proyectos productivos y acceso a la propiedad de la tierra. Esto incluye la condonación de deudas históricas para comunidades que han sido despojadas por el extractivismo, reconociendo que la pobreza afrodescendiente es la contracara de la riqueza acumulada por las élites coloniales.
- Soberanía Territorial y Ambiental: Los Estados deben garantizar la titulación colectiva de tierras y el derecho al consentimiento previo, libre e informado. Reparar significa detener el desplazamiento forzado y restaurar los ecosistemas destruidos en territorios ancestrales, permitiendo que las comunidades reconstruyan su relación con el entorno, un punto clave que autores como Quince Duncan destacan como esencial para la identidad afro.
- Justicia Epistémica y Educativa: Es urgente una reforma curricular profunda que incluya la Etnoeducación. Como propone Ngũgĩ wa Thiong'o, descolonizar la mente requiere que la historia de la resistencia afro sea parte central de la formación nacional, eliminando la narrativa del negro como "víctima pasiva" y reconociéndolo como actor político y científico fundamental.
Conclusión: El 21 de marzo como rendición de cuentas
El Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial no debe ser una fecha para el "abrazo fraternal" que ignora el conflicto. Debe ser, ante todo, un día de rendición de cuentas.
Los Estados han fallado en cumplir el mandato del Decenio Internacional para los Afrodescendientes, postergando una y otra vez el debate sobre el costo económico y social del racismo.
Como afirmaba Frantz Fanon, "la humanidad nos debe algo". Esa deuda no es una carga moral abstracta, sino una factura política pendiente. Mientras los cuerpos negros sigan siendo los más afectados por la violencia estatal y la precariedad económica, cualquier discurso sobre derechos humanos será incompleto.
La verdadera lucha contra el racismo comienza cuando el Estado reconoce que la reparación no es un gesto de buena voluntad, sino el único camino posible hacia una paz que no sea, de nuevo, un privilegio blanco.
Referencias Bibliográficas
- Wa Thiong'o, N. (1986). Descolonizar la mente: la política del lenguaje en la literatura africana.
- Duncan, Q. (2001). El Negro en la Literatura Costarricense. Editorial Costa Rica.
- Castillo, E. y Caicedo, J. (2008). La educación intercultural bilingüe: El caso colombiano.
- Viveros Vigoya, M. (2016). Interseccionalidad: una aproximación situada a la dominación.
- Comisión de Reparaciones del CARICOM. Plan de Justicia Reparatoria de 10 Puntos.
- Fanon, F. (1961). Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica.
- Gonzalez, L. (1988). La categoría antropológica de amefricanidad.
- Ribeiro, D. (2019). Lugar de enunciación. Editorial Pollen.
- Nascimento, A. (1978). El genocidio del negro brasileño: Proceso de un racismo enmascarado. Paz e Terra.