"No basta con no ser racista: debemos ser antirracistas en nuestras acciones cotidianas." — Angela Davis
"Una civilización que se prueba incapaz de resolver los problemas que crea es una civilización decadente. Una civilización que decide cerrar los ojos a sus problemas más cruciales es una civilización enferma. Una civilización que usa sus principios para la trampa y el engaño es una civilización moribunda." — Aimé Césaire
"El antirracismo no es una consigna, es un proyecto de país." — Iván Cepeda
Al final de la tarde del 25 de mayo de 2020, cuando celebrábamos el Día Mundial de Solidaridad con África, en medio del escenario letal de la incipiente pandemia del coronavirus, George Floyd, un ciudadano estadounidense negro, fue asesinado por policías blancos en la ciudad de Minneapolis. En sus últimos momentos de vida, Floyd dijo, enunciando un grito de vida, mientras el antebrazo de Derek Chauvin lo estrangulaba, "me estoy quedando sin aire; no puedo respirar".
Casi de inmediato, se desató una ola de protestas en más de cincuenta ciudades de los Estados Unidos que se extendió a través del planeta. Este momento, descrito por muchas como la mayor acumulación de protestas contra el racismo en la historia, marcó un antes y un después en el reconocimiento de la pertinencia política del antirracismo. Fue tal su alcance que activistas antirracistas de largo aliento, como Angela Davis, reconocieron su carácter trascendental, declarando su alegría de estar viva para formar parte del pliego mundial antirracista.
A esta coyuntura histórica que reveló las contradicciones de la coronacrisis (o sea, la exacerbación de la crisis civilizatoria por el coronavirus), que conjugó crecientes descontentos contra el entramado de injusticias y violencias—sociales, étnico-raciales, sexuales, ecológicas—que se condensaron en la puesta al desnudo de la necropolítica del capitalismo neoliberal con una ola global de protestas antirracistas, la bautizamos como Primavera de Ébano.
La Primavera de Ébano y sus confluencias perversas
En esta denominada era "posracial" donde quasiuniversalmente se niega el racismo, a la vez que se ejerce de las maneras más descaradas, el efecto Floyd tuvo implicaciones diversas. Por un lado, facilitó que levantemos la bandera antirracista como baluarte de la constelación de luchas y movimientos contra la matriz de dominación en su conjunto; pero, por otro lado, provocó "confluencias perversas" entre cuyos ejemplos más extremos se cuentan el expresidente George Bush—un patriarca imperial blanco—hablando contra el "racismo sistémico" en la convención del Partido Republicano, y el presidente Trump afirmando ser "la persona más antirracista del mundo".
Dichos enunciados explícitamente "antirracistas" por dos ejecutivos estadounidenses que tanto en sus políticas como en sus discursos defendieron a capa y espada (o mejor dicho con misiles y mentiras) la supremacía blanca del neoimperialismo yanki, muestran la complejidad de la dialéctica entre racismo y antirracismo como fenómenos epistémicos y políticos entrelazados.
A la luz de la Primavera de Ébano se desató un tsunami de acciones colectivas antirracistas que articuló las luchas contra el racismo con combatir opresiones relacionadas, manifiestas en un entramado de violencias, como en las guerras imperiales, en el extractivismo y el acaparamiento de tierras de parte del capital, y en los ataques neofascistas de las nuevas derechas contra la "diversidad", el "multiculturalismo", y la "ideología de género".
Paradójicamente, se reveló el fundamento racista de los regímenes de dominación, a la vez que continuó negándose el racismo como un problema real y cotidiano en el mundo Amefricano.
Modernidad/Colonialidad, Racismo Estructural, Antinegritud
Extendiendo el planteamiento de Joan Scott (1996) sobre el género, argumentamos que el racismo es una categoría histórica fundamental para analizar y combatir la opresión y las desigualdades, especialmente las formas de dominación que se configuran y ejecutan por mediación de la racialización de sujetos, espacios e instituciones. Entendemos el racismo como una formación global de poder, un "sistema mundial racial" que instituye y reproduce la dominación racial de corte cultural, político, económico, epistémico y psicológico, como un componente clave del sistema-mundo moderno/colonial capitalista.
La estratificación racial global y las constelaciones de racismo en el mundo son diversas y complejas, variando desde el antisemitismo, la islamofobia, el orientalismo, los racismos contra indígenas y el racismo antinegro, cada uno con sus tiempos y espacios propios, a la vez que en relación entre ellos, con el denominador común de la supremacía blanca.
El racismo antinegro: cuatro elementos constitutivos
- La caracterización de África como el continente negro, corazón de las tinieblas, de pueblos sin historia, que constituye el universo de la barbarie, el extremo opuesto de la civilización occidental.
- La invención del negro como salvaje y primitivo, como entidad no-humana o menos que humana, que representa el polo contrario de lo humano, situado en las antípodas del reino de la blanquitud.
- La pigmentocracia como práctica de clasificación y estratificación de cuerpos y culturas, a partir del color de la piel y de evaluaciones fenotípicas: aquí ubicamos la denominada "gramática del color".
- La negrofobia como forma particular del racismo, que conforma un inconsciente racial de representaciones y asociaciones de los cuerpos, comportamientos y culturas calificados como negros, que articula un complejo contradictorio de miedos y deseos.
La antinegritud, entendida como un proceso de largo arco de deshumanización, sobreexplotación, expropiación, desposesión y abyección de cuerpos, culturas y territorios, significados como "negros" y "africanos", es constitutiva del sistema-mundo moderno-colonial capitalista.
Tres dimensiones del racismo
Con fines heurísticos, distinguimos tres dimensiones del racismo: estructural, institucional y cotidiana.
El racismo es estructural porque la opresión y la desigualdad racial son componentes clave promovidos por las instituciones principales del sistema-mundo moderno/colonial. En este registro, las instituciones occidentales de conocimiento como las universidades y los sistemas escolares, producen y promueven versiones eurocéntricas de la historia, la cultura, la espiritualidad y el lenguaje, que sirven de vías ideológicas a favor de la supremacía blanca.
El racismo puede ser considerado institucional cuando se reproduce y facilita, intencionalmente o no, la opresión, la desigualdad y la discriminación racial en instituciones principales de la sociedad como son el Estado, el sistema educativo, los mercados de trabajo y vivienda y el sistema de salud.
El tercer ángulo de mirada es la infinidad de prácticas que caracterizamos como racismo cotidiano para conceptualizar las muchas formas de violencia, tanto físicas como simbólicas, que se ejecutan en insultos, exclusiones, vejaciones, discriminaciones y humillaciones que sufrimos los sujetos del racismo moderno.
Giro Antirracista y Panafricanismos en Disputa
Visto como práctica histórica, el antirracismo es tan viejo como el racismo, es la cara invertida de la dialéctica de la dominación racial y la resistencia. La praxis antirracista es un elemento importante en la larga duración de las luchas y los movimientos por la descolonización, la liberación, y el buen vivir en el mundo moderno/colonial.
Esta genealogía de luchas antirracistas ganó relieve en la revolución haitiana, que interpretamos como la más profunda de la llamada "Era de las Revoluciones", porque el triunfo del ejército libertador haitiano significó la invención de la descolonización como una forma organizada de hacer política, como también de la negritud como identidad histórica con pertinencia mundial y del antirracismo como objetivo estratégico de carácter político.
Améfrica (o Nuestra Afroamérica), ese gran territorio desde el norte México hasta la punta sur de la Argentina, tiene una larga historia de luchas antirracistas: desde las resistencias a los brutales regímenes de esclavitud colonial ejemplificadas en el cimarronaje y las rebeliones de esclavizadas/os, en los republicanismos negros que brillaron en los reclamos de igualdad durante las gestas de independencia a través del continente en el siglo XIX, como también en las organizaciones políticas de principios del siglo XX como el Partido Independiente de Color en Cuba y la Frente Negra Brasileira, en los movimientos de Negritude a través del continente de los 1940s-1950s, y en la emergencia de las redes de movimiento negro (o afrodescendiente) en la región en los 1990s.
Hasta llegar a ser una especie de vanguardia de las luchas antirracistas en el mundo como se testimonia en el liderato amefricano en la Tercera Conferencia Mundial contra el Racismo y formas conexas de Discriminación, celebrada el 2001 en Durban, Sudáfrica.
Antirracismos de cara a la Crisis Civilizatoria
En la oración que abre el clásico del pensamiento descolonial Discurso sobre el Colonialismo, Aimé Césaire declara que "Una civilización que se prueba incapaz de resolver los problemas que crea es una civilización decadente". De inmediato añade que "una civilización que decide cerrar sus ojos a sus problemas más cruciales es una civilización enferma" y que "una civilización que usa sus principios para trampa y engaño, es una civilización moribunda".
Césaire escribía esto en 1955, luego de la Gran Depresión de los años 30, y de dos grandes guerras de Occidente, en el contexto de una ola ascendente de movimientos en Asia, África y el Caribe por la descolonización de los imperios europeos que imperaban desde el largo siglo XVI. Hoy día, poco menos de un siglo más tarde, podemos decir que fue una aseveración profética si la consideramos como pronóstico de la crisis actual de la civilización occidental capitalista.
Síntomas de la crisis civilizatoria
- Como modo de vida dominante, la modernidad capitalista no ha proporcionado garantías de condiciones mínimas de supervivencia a las mayorías humanas en bienes básicos como alimentación, vivienda, seguridad y convivencia.
- Cultiva racionalidades de muerte expresadas en una multitud de violencias entrelazadas: doméstica, racial, sexual, geopolítica, económica, ecológica, epistémica.
- Engendra prácticas de acumulación por despojo y aniquilamiento, guerras étnicas, genocidios raciales, coerción patriarcal y destrucción ecológica.
- Los síntomas de crisis global se revelan con movilizaciones y huelgas generales en lugares variados como Colombia, Francia, Grecia, Irlanda, India, Martinica y Portugal.
Genocidios contemporáneos y pedagogía de la crueldad
El racismo antinegro tiene su propio repertorio de genocidios, entre los que es importante no olvidar la masacre del imperio alemán contra los pueblos Herero y Nama en el territorio que hoy se conoce como Namibia en 1904. Hoy día destacamos el genocidio antinegro en Brasil, donde cada 20 minutos asesinan a una persona negra.
En Colombia, calificamos la necropolítica que azota a Buenaventura, la ciudad-puerto principal del país donde el 95% de la población es afrodescendiente, como un eco/geno/etno/femicidio. Dicha crisis humanitaria se enmarca en un proceso de destierro masivo que ha dejado una ecuación de casi diez millones de desplazados en Colombia, muchos/as afrodescendientes e indígenas.
El genocidio de Gaza ha sido la prueba más contundente de cómo la crisis civilizatoria ha convertido en inútil el orden internacional creado después de la Segunda Guerra Mundial bajo la hegemonía estadounidense. Gaza tiene la distinción de ser el primer genocidio tornado en espectáculo mediático, repudiado mundialmente por un movimiento antigenocida/antirracista, pero promovido por acción e inercia por los poderes occidentales—Europa y EE. UU.
Si Gaza demuestra de manera espeluznante la "pedagogía de la crueldad" expresa en la política de Thanatos que prima en esta era de crisis de la civilización occidental capitalista, no es por ser excepción, sino porque es sintomática de una racionalidad de muerte que es constitutiva de la modernidad desde sus tres holocaustos constitutivos—africano, amerindio, cacería de "brujas"—que la configuraron desde el largo siglo XVI a partir de una dinámica de "catástrofe" y "guerra permanente".
Tres tipos de políticas antirracistas
Podemos resumir las políticas antirracistas de cara a la crisis civilizatoria en el Mundo Afro en tres tipos:
Tipología de antirracismos contemporáneos
- Antirracismo radical: Es la política antirracista-anticapitalista-antipatriarcal que se expresa en los movimientos por las vidas negras, levantada como bandera por movimientos y organizaciones "radicales" o "progresistas" negras que asumen la política racial como un componente clave de un proyecto de transformación histórica radical para el planeta en general.
- Antirracismo neo/liberal: Argumenta y gestiona contra el racismo—sobre todo en su dimensión institucional y cotidiana—sin buscar cambiar de manera sustantiva el status-quo de capitalismo neoliberal, lo que implica mayormente una estrategia de reconocimiento cultural e identitaria, de representación política, y levantar recursos para proyectos dentro del orden neoliberal.
- Antirracismo autoritario: Se declara contra el racismo, a la vez que niega que este sea estructural y lo reduce a prácticas de discriminación de algunas personas, conjugado a posturas que asumen que vivimos en una sociedad "posracial" donde quienes critican el racismo como un problema principal son vistos como "extremistas" con actitudes "divisivas" y "antisociales".
Vitalismo Radical Negro/Antirracismo Vs. Distopías Tardomodernas/Neofascismo
La madrugada del 3 de enero de 2026, Caracas fue abruptamente despertada con el ruido y resplandor de una intervención militar estadounidense. La operación que ocurrió después de varios meses de presencia militar masiva de los EE. UU. en las aguas caribeñas resultó en un acto sin precedentes en la historia de la región y del mundo: el secuestro de un presidente electo, una burda violación del principio de la soberanía nacional venezolana.
Temprano en la tarde del mismo día, Trump encabezó una conferencia de prensa con un elenco de ejecutivos blancos que incluía al secretario de Estado, Marco Rubio, y al jefe del Pentágono, Pete Hegseth. Estos enunciaron un discurso imperial triunfalista, celebrando la "superioridad" moral y militar estadounidense, y declarando un renacimiento mejorado de la doctrina de Monroe que afirma el dominio yanki de las Américas, renombrada como "Donroe".
La supremacía blanca occidental ha sido un pilar de la modernidad/colonialidad desde su incepción como proyecto de globalización del capital, el poder imperial, y la llamada civilización occidental. Por eso, concordamos con Winant (2001) cuando argumenta que "la modernidad misma es un proyecto racial".
Reparaciones radicales vs. reparaciones neoliberales
Identificamos dos posturas sobre las reparaciones históricas por cuenta del colonialismo, la esclavitud, la colonialidad/neocolonialismo y el racismo estructural en el campo político amefricano:
La propuesta de reparaciones radicales tiene una larga historia en la vertiente política y epistémica que denominamos tradición radical negra, que agrupa muchas corrientes, con el núcleo común de ver la justicia reparativa fundamentalmente como una serie de estrategias y medidas, no solo para resarcir las injurias del colonialismo, la esclavitud, la colonialidad y el racismo estructural, sino también como pilares en un proyecto de cambio histórico de carácter antirracista, anticapitalista, y antipatriarcal.
En contraste, las reparaciones neoliberales proponen canalizar recursos, dinero, representación cultural y política, como puestos políticos, museos, fondos para negocios, o incluso cheques individuales para las personas negras o afrodescendientes, y la creación de fondos en instituciones como el Banco Mundial, dejando intacto el orden de poder neoliberal y el capitalismo racial heteropatriarcal.
Conclusión: Hacia un socialismo raizal
Vivimos una era donde los cimientos del planeta están en cuestión, lo que nos obliga a pensar profundo, a hurgar hondo en los signos de los tiempos, a buscar razones de fondo y, por ende, a construir cambios radicales. Afortunadamente, el antirracismo finalmente ha entrado en el vocabulario político de Nuestra América, pero es necesario distinguir entre diferentes analíticas del racismo y sus correspondientes políticas y prácticas antirracistas.
A la luz de la crisis civilizatoria, hemos dicho y escuchado dos máximas de Antonio Gramsci, creadas en el contexto de la crisis mundial de principios del siglo XX: "vivimos en una era donde lo nuevo no ha nacido y lo viejo no ha muerto, en ese claroscuro emergen los monstruos". La otra frase de Gramsci promueve una actitud de "pesimismo del intelecto y optimismo de la voluntad" de cara a las calamidades provocadas por la crisis.
En esa clave, buscando potenciar y forjar el horizonte antirracista radical de cara a la crisis, recuperamos el proyecto de "socialismo raizal" propuesto por Orlando Fals Borda, de una apuesta por la igualdad en la diferencia donde se respete el disenso, de luchar por la liberación contra todas las cadenas de opresión, de construir comunidad de afinidades, afectos y afiliaciones para engendrar comunidad política radicalmente democrática.
Un socialismo que sea no solo anticapitalista sino también antirracista y antipatriarcal, que promueva el cuidado no solo de las personas sino también del cosmos, del equilibrio ecológico, de la conexión con la ancestralidad y del respeto y cultivo de los saberes, las estéticas y las espiritualidades negadas.
A la hora de los monstruos, levantamos la bandera del amor contra los venenos del odio.
En la candela de una crisis civilizatoria que demanda revisar de raíz las maneras de pensar y los modos de hacer política, es imperativa la política de Eros, de defender la vida, el cuidado, la solidaridad, el deseo, el amor como principio rector de la socialidad y la convivialidad, esgrimiendo los principios que han inspirado ese tenaz compromiso con la vida que hemos llamado vitalismo radical negro.
Como afirmó el candidato presidencial de la izquierda colombiana, Iván Cepeda, en un discurso en el Quibdó, capital del Chocó, una de las grandes regiones negras de Nuestra Amefrica, "el antirracismo no es una consigna, es un proyecto de país".
En clave, decimos con Angela Davis, "No basta con no ser racista: debemos ser antirracistas en nuestras acciones cotidianas." Ambas afirmaciones implican que el antirracismo ha de ser una de las banderas principales para hacer mundo, para construir como decía el Subcomandante Marcos "un mundo donde quepan muchos mundos", para parir un planeta donde el vivir bien no sea un privilegio sino la condición de bienestar colectivo de las mayorías del planeta, aquellas que Fanon llamó "condenados de la tierra" y Du Bois bautizó como "las razas oscuras del mundo," aquellas que vivimos "detrás del velo", en el lado oscuro de la "línea de color".
Referencias Bibliográficas Selectas
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- Grüner, Eduardo (2010). La oscuridad y las luces. Capitalismo, cultura y revolución. Edhasa.
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- Patterson, Orlando (2018). Slavery and Social Death: A Comparative Study. Harvard University Press.
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